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0403 - Túneles

February 2026

Túneles — Ingreso

Bajamos desde la superficie por la puerta trampa del depósito del gremio de Raviel y entramos en unas cuevas viejas, húmedas y oscuras.

Al principio encontramos un recinto pequeño, algo así como una sacristía, con frescos antiguos en las paredes. Parecía arte humano. En algunos murales aparecíamos los kobolds junto a ellos, gloriosos en apariencia, pero si uno miraba con detenimiento no era una escena entre pares. Éramos más bien sirvientes, adornos pintados para sostener alguna mentira.

Había restos de un campamento que parecía abandonado por necesidad.

Más abajo apareció un arroyo subterráneo. Nadie vivía ahí, pero sí había señales claras de huida. Las trampas eran kobold, sin duda, pero de una manufactura muy precaria. Eran trampas de retirada. Parece que algo había echado a la tribu.

En algún momento aparecieron criaturas del agua, como grandes tortugas o sapos que eran lentas fuera del arroyo, pero parecían peligrosas. Estas no eran parte de ningún sistema defensivo, sino habitantes del lugar, o algo que se había adaptado demasiado bien. Desarmamos trampas, las criaturas se dispersaron, y quedó claro que el sistema de cuevas había tenido conflictos recientes.

En una curva del túnel encontramos un humano muerto. Y antes de que nadie dijera nada, escuché voces agudas. Las reconocí antes de verlas, era la tribu de los túneles.

Túneles — Liberando a la tribu kobold de la molestia goblin

La emboscada estaba preparada, pero no contra nosotros. Los kobolds rodeaban una caverna, protegiendo a uno de los suyos que se moría en el suelo. Llevaban armaduras improvisadas con ollas, baldes y chatarra. Reinaban el hambre, el miedo y el cansancio. Les hablamos en dracónico y no nos atacaron. Adler curó al kobold moribundo.

El kobold que salvamos no era cualquiera, era uno de los líderes. Se incorporó y nos contó lo que había pasado: los goblins habían invadido el sistema de túneles. Humanos de la Orden Carmesí habían hecho rituales, las cuevas habían sido profanadas. Había criaturas nuevas y una amenaza que no estaba contenida.

Nos habló de un monstruo grande, regenerativo, que caminaba los túneles y se comía tanto kobolds como humanos. Habían intentado frenarlo con trampas. No alcanzó. Tenían un plan para encerrarlo, pero necesitaban ayuda.

Aceptamos.

Nos guiaron hacia el oeste, a sus cámaras. Antes de verlos, los olimos y los escuchamos. Casi una decena de goblins. Atacaban un punto fortificado. Entramos con fuego y violencia. Los goblins cayeron rápido. El chamán resistió más; usaba frascos verdes parecidos a los que ya habíamos visto antes. Murió también.

La zona volvió a ser de dominio kobold.

Con el paso despejado, seguimos hacia el corazón del problema.

Túneles — Algo peor que los goblins

La guarida del monstruo era una caverna amplia, con un estanque profundo en el centro. Decidimos atraerlo a nuestra orilla. Si salía mal, necesitábamos vías de escape. Funcionó. El troll vino.

Me moví por los costados, saltando entre rocas. Imbuí mi arma con fuego alquímico y ataqué sin que el bicho me viera. Delerion llenó la cueva de llamas y el troll empezó a fallar en regenerarse.

Uno de los zombis del mago no tuvo tanta suerte. El troll lo decapitó, pero al ser atacado el zombie no intentó resistirse, rompió un vial. Hubo un destello que nos cegó a casi todos. Todo se inundó de gritos, vapor y confusión.

Arturo arremetió contra el troll intentando derribarlo. Lo logró y además hizo caer al troll dentro del estanque.

Borgar disparó la pistola de conjuros sin pensarlo demasiado. Tan poco lo pensó que en un momento se le cayó el arma. Salté sin pensarlo mucho y logré agarrarla en el aire. El agua del estanque en esa zona de nuevo empezó a hervir y el troll no volvió a salir.

Después volvió el silencio a las cuevas.

La guarida estaba llena de cadáveres y tesoros acumulados durante años. El peligro inmediato para la tribu había terminado pero también quedó claro que los humanos de la Orden Carmesí habían roto algo que los kobolds probablemente no sepan cómo arreglar.

Botín y visitantes nocturnos

La guarida del troll era más una enfermedad acumulada durante años que un tesoro. Aire viciado, bichos, cadáveres en distintos estados de olvido. Discutimos si el peligro era mágico o simplemente sanitario. Concluimos que ambas cosas pueden coexistir para molestar más al grupo.

Decidimos no tocar nada directamente. Usamos manos ajenas (magia, familiar, zombie). Fuimos extrayendo piezas interesantes del montón putrefacto.

Los kobolds "ofrecieron" clasificar y purificar el resto. La chamán se encargaría del proceso que según ellos llevará unas horas. A cambio, pidieron ayuda para reubicarse. No quieren seguir siendo empujados de túnel en túnel cada vez que algún humano decide experimentar con rituales. Hablamos de Valverde, de cartas de recomendación y alternativas menos miserables.

También compartieron historias. Nos hablaron de un antiguo héroe kobold con sangre de dragón. Alianzas pasadas con humanos. Otra ruina aeloriana más al norte. Y una cámara de cría que no es la de los frescos mentirosos que vimos antes.

Hubo banquete. Celebración medida por la muerte del troll. Por unas horas el sistema de cuevas pareció estable pero no por mucho tiempo.

Un goblin explorador fue detectado. Gritó algo y entonces entendí que no se podía comer tranquilo.

No eran los mismos goblins de antes. Estos estaban organizados y tenían los ojos violeta. Es más, uno estaba envuelto en fuego y de manera persistente, no como un truco momentáneo disuasivo sino como estado permanente.

El combate parecía una disputa por algo. Eso significa que el sistema de túneles ya no es solo una cueva limpia de trolls.

El descanso fue un paréntesis técnico. Pude terminar de comer y me llamó la atención un zumbido que pensé que era algún golpe en la cabeza o alguna explosión que me había dejado aturdido. Era bastante insistente y no era sonido solamente, vibraba el suelo y todo el sistema de cavernas. Se sentía igual que en el Templo del Círculo Eterno, de hecho.

Fuimos hacia el norte, creo y crucé el arroyo. Confirmé que no era todo una cueva natural sino que había manufactura aeloriana. Paredes trabajadas sobre la piedra y la arquitectura con esa simetría particular. Esto particularmente parecía un laboratorio evacuado con apuro. Lo portátil ya no estaba pero lo voluminoso había quedado abandonado como si para quienes hubieran estado ahí, el tiempo fuera más valioso que todo el equipo.

La sala central tenía una mesa de operaciones con un cadaver todo seco.

En algún momento exploramos las salas contiguas. Una sala tenía grandes reservorios de vidrio y la otra sala tenía una jaula. La jaula estaba rota desde dentro, eso era lo primero que llamaba la atención. Tenía debajo un círculo de cristales lucientes que todavía tenían algo de energía. Había sangre seca, marcas de forcejeo y un goblin calcinado que confirmaba que alguien intentó intervenir y falló.

El kenku se quedó quieto apenas entramos. No hizo escándalo ni gestos, pero era evidente que reconocía el sitio. Yo estaba explorando un depósito y de pronto encontré al kenku hablando en aeloriano con una voz extraña. Nos indicó que la tumba de "Ur Namkart" debía cerrarse y que debía quedar separada de otras seis. No lo planteó como consejo sino como un procedimiento pendiente.

Revisamos los documentos que quedaban. El famoso “Eco” no era memoria literal sino algo más estructural: capacidad sin experiencia, conocimiento sin historia, etc. Habían probado el sistema en vivos. En el kenku particularmente. Para registrar conversaciones exactas, para conservar información política con precisión. No parecía investigación académica sino más bien una herramienta de infiltración. Tal vez por eso el laboratorio estaba montado en unos túneles llenos de tortugas.

Como me lo pidieron, volví a conectar el flujo arcano del aparato. El zumbido regresó con más claridad. Delerion aplicó el ritual sobre Kiko y la visión fue concreta: imágenes de Escudoferreo, disciplina militar, un noble organizando defensa. Después de esto el zombie lucía ligeramente inteligente.

Las tumbas visibles no coincidían. Nombres correctos, linajes nobles, técnicas de forja avanzadas, pero no el que buscábamos. El kenku pronunció la palabra "Sar-na-kur" cerca de una pared y la piedra respondió desplazandose. La cámara real estaba oculta detrás de la pared.

"Unamkar Azur Dagan" creo que figuraba en la inscripción. El "Protector en la última defensa". El sarcófago tenía mecanismos previsibles y una armadura y espada rituales. Había una esfera negra con pulsos azulados. Tal vez este era el artefacto que el laboratorio no había logrado alcanzar. No parecía un objeto funerario sino una pieza activa, orientada hacia algo fuera de esa tumba.

Después aparecieron los contrabandistas. Zephyr con unos mercenarios desconocidos y también estaba con Lucent vestido como noble. No negociamos demasiado, Delerion hizo lo que mejor sabe hacer. Zephyr soltó a Lucent. Yo los ataqué mientras estuvieran desprevenidos.

Teníamos el ritual, el artefacto a Kako hablando en aeloriano y a un kenku memorioso.

Escape de los túneles

La cosa empezó bastante rápido después de que Delerion prendiera fuego medio lugar con una Bola de Fuego. La escalera hacia la Ciudad Alta quedó ardiendo y teníamos unos pocos minutos antes de que se viniera abajo, así que en vez de aprovechar que algunos podíamos volar y salir de ahí, decidimos quedarnos a pelear. El combate fue bastante caótico: Arturo se trenzó con un tiefling que parecía particularmente interesado en matarnos, mientras el resto empezábamos a repartir fuego, flechas y magia entre los contrabandistas. El tipo aguantó bastante más de lo que parecía y terminó peleando con Arturo hasta que finalmente éste lo atravesó con la lanza.

Mientras tanto, nos ocupamos del que parecía ser el líder, un humano bastante grande con un tapado rojo. Adler lo marcó para que Borgar pudiera atacarlo con ventaja y entre los dos lo dejaron bastante maltrecho. También había un kenku que se teletransportaba de un lado a otro con un anillo y un artífice que terminó sacando un cañón de un brazalete, porque aparentemente los contrabandistas habían decidido que las armas normales eran demasiado aburridas. El cañón dejó a Lucent hecho bastante mierda, aunque Adler consiguió mantenerlo con vida. Después de varias bolas de fuego más, prácticamente todos los enemigos visibles terminaron muertos.

El único problema era que uno de ellos había conseguido hacerse invisible y escapar. Buscamos por la zona, tiramos bolas de fuego a ciegas y, cuando quedó claro que no estaba ahí, dimos el combate por terminado. Pero Delerion sospechaba que todavía seguía cerca, así que mandó a Martita, su araña, por un agujero entre las piedras. Y efectivamente, ahí estaba el enano, escondido y esperando que nos fuéramos. Varka lo encantó y conseguimos hacerlo salir. Se llamaba Bánic y, además de ser bastante más competente de lo que uno esperaría de alguien que se había pasado escondido detrás de unas piedras, sabía unas cuantas cosas interesantes.

Según Bánic, los contrabandistas estaban trabajando para algo bastante más grande que mover mercancía. Había un tal pícaro barbudo coordinando asuntos desde afuera, Petro estaba metido en el centro de todo por sus conocimientos sobre la forja y, aparentemente, existía un lugar llamado Biblioteca del Eco capaz de extraer y manipular recuerdos y voluntades. El plan era usarla sobre Lucent. También apareció una carta con el sello de una familia noble muy antigua, lo que sugería que toda esta gente tenía contactos bastante más arriba de lo que suponíamos.

Después vino la parte incómoda. Discutimos bastante sobre qué hacer con Bánic: liberarlo parecía una mala idea, pero tampoco queríamos hacernos cargo de la decisión. Finalmente decidimos matarlo. Lo apuñalamos entre varios y después llevamos los cadáveres hasta el arroyo para que las criaturas con aspecto de tortuga gigante se encargaran de ellos. Una forma bastante desagradable de cerrar una noche bastante desagradable. Salimos finalmente de las cuevas con Lucent vivo, mucho más información de la que teníamos al entrar y la certeza de que el problema ya no era solamente con unos contrabandistas escondidos bajo tierra: ahora teníamos que averiguar qué estaba pasando en la Ciudad Alta.

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