0504 - Prisión
Después de lo del cementerio, la ciudad quedó en estado de alerta. No era para menos: habíamos enfrentado espíritus, cadáveres y a un zombi que, por algún motivo, daba órdenes como si estuviera al mando de una tropa perfectamente organizada. Lo neutralizamos con levitación y la esfera de silencio de Adler, y después nos ocupamos del resto.
El problema fue que una mujer logró escapar y avisó a las autoridades. Así que tuvimos que retirarnos usando invisibilidad. Stixx Ernesto se escondió en un mausoleo, mientras Delerion, Adler y yo conseguimos salir del cementerio. En teoría, eso era la parte difícil.
La ciudad entera estaba vigilada y había guardias rodeando el cementerio. Decidimos buscar una ruta elevada para evitar que nos vieran. El plan duró bastante menos de lo que habría sido conveniente: Adler tuvo una mala tirada, se cayó y perdió la invisibilidad. A partir de ahí se encadenaron varios intentos fallidos de volver a ocultarnos, persuadir a los guardias y, en general, controlar la situación. El caos hizo lo suyo.
Yo también perdí la invisibilidad, pero intenté hacerme pasar por una víctima y presentar a Adler como un abuelo perdido. Además usé taumaturgia para darle apariencia de anciano. No convencimos a nadie. Debo reconocer que, visto en retrospectiva, la idea tenía algunos problemas, empezando por que los guardias ya nos estaban viendo hacer cosas bastante poco compatibles con una familia normal.
Al final detuvieron a Adler y lo llevaron al ayuntamiento, aunque por suerte no lo mandaron directamente a prisión. Le confiscaron el equipo y también la armadura que habíamos robado del cementerio. Le fijaron una audiencia para el mediodía, y Adler decidió defenderse solo. Los guardias, por lo que entendimos, simplemente estaban cumpliendo órdenes superiores.
Después descubrimos de dónde venía la acusación. Un aprendiz de Severino, el mismo enemigo que se nos había escapado en el mausoleo, había llegado al ayuntamiento y usado registros para incriminarnos. Eso ya hacía que el arresto pareciera bastante menos casual. Más tarde escuché una conversación en la que mencionaban que todo eran órdenes del maestro Severino. Así que sí: probablemente nos habían tendido la trampa desde el principio. Una sorpresa, salvo por el detalle de que no fue ninguna sorpresa.
Intenté contactar a Cacian, el líder gremial, pero no estaba disponible porque se encontraba reunido con otros gremios. Aun así, conseguimos información importante: la ciudad estaba atravesando una tensión política bastante seria, la Orden de Carmesí buscaba hacerse con el control y estaba desarrollando algún método de control mental. Su objetivo principal era Lucen Bandúrel. También quedó claro que, gracias a lo que habíamos hecho antes, por lo menos habíamos conseguido ganar algo de tiempo.
En ese momento, nuestra prioridad pasó a ser ganar todavía más tiempo para Adler y evitar que lo trasladaran a la mansión de Alto Risco, donde aparentemente se ocupaban de los interrogatorios. No parecía un destino especialmente agradable, aunque tampoco nos dieron un folleto explicativo.
Como último recurso, recibí un Anillo de Paso Brumoso, capaz de permitir un teletransporte corto. La idea era guardarlo para escapar si todo se iba al demonio, que era una posibilidad bastante razonable considerando cómo había empezado el día.
Mientras tanto, yo planeaba alguna forma de infiltrarme, disfrazarme o manipular a los guardias con magia. Delerion permanecía cerca, aunque sin intervenir directamente de manera clara. Stixx Ernesto seguía en el cementerio y había detectado un mausoleo sospechoso, que podía ser una pista importante. No sé si era una pista importante o simplemente otro mausoleo sospechoso, pero a esas alturas convenía no descartar nada.
Severino tampoco apareció en persona. Se fue a reunirse con el Alto Sacerdote, mientras uno de sus subordinados se dirigía al ayuntamiento, probablemente para meter presión sobre el caso. Adler seguía preso allí, con la audiencia fijada para el mediodía. Nosotros estábamos libres, aunque vigilados, y los enemigos se movían por la ciudad con bastante más organización que nosotros.
En resumen: teníamos poco tiempo antes de que trasladaran a Adler a Alto Risco, una ciudad políticamente alterada, una conspiración relacionada con control mental y un anillo de teletransporte como plan de emergencia. Y todo había empezado porque alguien se había caído intentando escapar por arriba del cementerio.
Todavía no tengo claro cómo terminó todo, pero sí recuerdo que empezó bastante mal: yo estaba en la jaula de Rolto, la de Adler, tratando de convencer al anciano de que todo había sido un malentendido. Le prometí ayuda, pan y vino, que era más o menos todo lo que tenía a mano para negociar. No sé si Adler quedó convencido, pero al menos la conversación no terminó peor, que en ese momento ya contaba como un avance.
Después discutí con Delerion sobre los guardias. El problema era que ya nos habían visto demasiado, así que pasar desapercibidos no parecía una opción especialmente realista. La solución propuesta fue disfrazarnos, aunque tampoco teníamos muy claro de qué ni para engañar a quién. Además, estaba la posibilidad de que apareciera Severina, lo cual hacía que cualquier plan basado en “nadie nos va a reconocer” fuera bastante optimista.
También evaluamos si Delerion podía distraer a alguien delante mío. En algún momento apareció la idea de involucrar al sumo pontífice o usar el anillo, porque aparentemente esos eran recursos razonables para una situación que ya incluía una jaula, guardias y varios nombres que se pronunciaban de manera distinta cada vez. No llegamos a una solución particularmente sólida, pero sí seguimos discutiendo como si el tiempo no importara.
Entonces llegó Aureliano y la conversación pasó directamente a la magia. Consideramos usar Ilusión Menor o Imagen Silenciosa para distraer a Ureliano. La diferencia entre los dos era importante, aunque en la práctica el problema seguía siendo que Ureliano ya nos había visto. Eso complicaba bastante cualquier intento de infiltración, salvo que confiáramos en que los disfraces fueran mejores de lo que realmente eran.
Por eso también se planteó que Varka se disfrazara de chica sensual. No recuerdo que el plan tuviera una justificación especialmente elaborada; era, sencillamente, una de las opciones disponibles. La logística seguía siendo un desastre, sobre todo porque Ureliano ya nos conocía, pero a esas alturas la planificación consistía más en acumular posibilidades que en descartar las malas.
En algún momento conseguimos llegar a la Casa Gremial, o al menos a un lugar que llamábamos así. Allí encontramos documentos importantes y nos movimos con sigilo alrededor de las mesas. No sé cuánto ayudó realmente el sigilo, pero intentamos mantener la apariencia de que todo estaba bajo control. La apariencia duró lo que suelen durar esas cosas.
Cuando tuvimos que hablar con los guardias, uno de nosotros fingió ser una pobre chica y les explicó que su abuelo había sido arrestado injustamente. No tengo claro si la actuación fue convincente o si los guardias simplemente estaban acostumbrados a situaciones absurdas, pero sirvió para abrir una conversación.
La cosa se volvió más política cuando un representante empezó a presionar al cura para que aprobara una orden mágica. El argumento era que nosotros éramos espías del norte. Si el cura no cooperaba, la amenaza era ir directamente con el marqués. Todo muy institucional, salvo por el detalle de que la institución consistía en acusarnos de espionaje mientras intentábamos que alguien firmara una orden contra nosotros o a favor nuestro. Nunca quedó del todo claro.
También exigimos hablar con el príncipe. En paralelo, discutimos la posibilidad de usar Orden Imperiosa contra Aureliano o contra algún guardia importante. Era una de esas ideas que suenan sencillas hasta que uno recuerda que hay que lanzarlas, que pueden fallar y que, si salen mal, probablemente la situación política empeora bastante. Aun así, se consideró seriamente, que es lo importante.
Después intentamos contactar mágicamente a la patrona. El conjuro requería diez minutos de concentración, lo cual parecía razonable en teoría y completamente impracticable en una situación donde había guardias, papeles comprometedores y gente intentando decidir si éramos espías. En medio de eso aparecieron también nombres como Matías y Roberto en las discusiones técnicas, aunque a esa altura ya era difícil distinguir quién estaba haciendo qué y quién simplemente estaba siendo mencionado.
Lo que sí estaba claro era que había un papel que no podía llegar al jefe de la Guardia. Si ese documento llegaba a destino, podía sellar nuestra condena. Así que empezó una carrera contra el tiempo para impedirlo. No fue una persecución particularmente elegante: era más bien correr, intentar interceptar el papel y confiar en que alguien estuviera entendiendo el plan. Como de costumbre, no todos parecíamos estar persiguiendo el mismo objetivo al mismo tiempo.
Finalmente conseguimos acceder a algún lugar que probablemente era la mansión, aunque la ubicación exacta se perdió bastante entre las prisas. Ahí empezó el caos de verdad. Toda la partida terminó convertida en un enfrentamiento donde usamos las últimas tácticas mágicas disponibles para intentar escapar o liberar a los presos. Hubo ilusiones, maniobras improvisadas y más discusión sobre conjuros de la que una operación clandestina debería tolerar.
La escena terminó en medio de todo eso, sin una resolución clara. No sé si logramos liberar a alguien, si el papel llegó al jefe de la Guardia o si la mansión quedó en condiciones de seguir llamándose mansión. Lo único seguro es que empezamos intentando explicar un malentendido en una jaula y terminamos negociando con curas, amenazando con acudir al marqués, considerando controlar mentalmente a Aureliano y corriendo detrás de un documento que podía condenarnos. Una progresión bastante normal para nosotros.
Todavía no tengo del todo claro por qué empezamos discutiendo si convenía entrar a la mansión, pero así arrancó la cosa. Petro estaba en la cárcel, lo cual ya complicaba bastante cualquier plan, y nosotros teníamos la saludable costumbre de debatir durante demasiado tiempo antes de decidir si una puerta convenía abrirla.
En algún momento se habló de planear bien cómo dar el “goleazo” y, sobre todo, de escapar si descubrían quiénes éramos. Nada revolucionario, pero aparentemente necesario aclararlo. También surgió la idea de investigar unas cuevas debajo de la ciudad. Según el plan, ahí podíamos encontrar un laboratorio y, con un poco de suerte, enterarnos mejor de qué era la Orden Carmesí.
La Orden, por supuesto, no quedó bien parada en la discusión. Se habló de cosas heroicas que habían hecho, pero también de otras bastante cuestionables. La conclusión general fue que eran lo suficientemente peligrosos como para no confiar en ellos y lo suficientemente importantes como para tener que averiguar qué estaban tramando.
Después, alguien se fue hacia otra habitación del cerro y el resto decidió seguirlo. No recuerdo que hubiera una razón particularmente brillante detrás de eso. Simplemente alguien desapareció y nosotros, como grupo de aventureros responsables, fuimos atrás.
Mientras tanto, también se hablaba de preparar todo para hacer una plegaria cuando llegaran esa noche los hombres del marqués. Una criada del templo estaba metida en esos preparativos. Era una de esas situaciones en las que todos parecían tener una tarea urgente, aunque nadie explicara del todo cuál era el plan completo.
Varka intentó concentrarse y consiguió pasar al plano férico durante unos diez minutos. Según contó, sintió una conexión con su dios o patrón y vio figuras espectrales. No sé qué esperaba encontrar ahí, pero desde afuera la escena consistió básicamente en que Varka desapareció parcialmente de la realidad mientras nosotros intentábamos entender cuánto tiempo podía mantener eso sin que todo saliera mal.
Ahí entró la parte técnica. Delerion y los demás discutieron cómo sostener la concentración, si convenía usar anillos y qué conjuros podían servir. Adler apareció mencionado en medio de esa conversación, como suele pasar con los nombres importantes cuando nadie termina de explicar qué papel cumplen. En general, la mitad del grupo hablaba de magia y la otra mitad intentaba que la magia no se desarmara por falta de concentración. Un método de trabajo bastante artesanal.
Exploramos varias habitaciones y lugares relacionados con la magia y con la ciudad. No apareció una respuesta clara, pero sí suficientes pistas y rincones extraños como para justificar seguir buscando. Finalmente decidimos ir a la casa de Xiomara —o Siamara, porque el nombre tampoco quedó del todo resuelto—, posiblemente usando un mensaje mágico.
En medio de eso apareció información importante sobre Petro y el asesinato de Redgar. Un personaje que había tratado con un kenku encontró datos que apuntaban a que Petro sabía cosas fundamentales. Así que el plan pasó a ser rescatarlo de la cárcel antes de que llegaran los hombres del marqués. No por simpatía personal, sino porque Petro tenía secretos sobre la Orden Carmesí y, aparentemente, era una pieza necesaria para frenar la expansión hacia el Norte.
Adler y Borger quedaron involucrados en ese plan, junto con el resto. Antes de lanzarnos a hacer algo imprudente, decidimos descansar un poco. Fue un descanso breve, porque incluso nosotros entendíamos que dejar pasar demasiado tiempo podía significar que Petro cambiara de cárcel, desapareciera o terminara hablando con alguien menos conveniente.
Mientras descansábamos, discutimos las formas de infiltrarnos. Una opción era entrar sigilosamente a la mansión. La otra, usar los túneles subterráneos para llegar al castillo. Las dos tenían problemas, así que técnicamente era una buena elección: podíamos elegir entre dos maneras distintas de meternos en problemas.
También aparecieron Arturo hablando con Mercio y varias menciones de Borgar colaborando. No quedó del todo claro quién estaba coordinando qué, pero la idea general era que había ayuda disponible y que convenía aprovecharla antes de que todo se complicara más. Esto, naturalmente, no impidió que siguiéramos improvisando.
Delerion, por su parte, avanzó con la investigación mágica y llegó a usar conjuros como el Círculo de Teletransporte, creando portales temporales. No sé si eso simplificó las cosas o si solamente agregó otra forma peligrosa de equivocarnos de lugar, pero al menos demostraba que alguien estaba tomando medidas concretas.
Severino bajó a buscar una tumba antigua en los túneles del norte. No encontró lo que buscaba y terminó recurriendo a Petro. Eso fue bastante representativo de la situación: entrábamos a los túneles buscando una cosa, no la encontrábamos y entonces consultábamos al preso que justamente queríamos rescatar.
Cuando llegamos a la casa de Xiomara o Siamara, había un quilombo. Había guardias, empezaron las búsquedas por toda la zona y el plan de infiltración silenciosa dejó de parecer una opción realista. A partir de ahí, rescatar a Petro y revisar la mansión quedaron prácticamente mezclados en una sola operación.
Después de salvarlo —o de terminar de organizar cómo salvarlo; esa parte también quedó algo confusa— nos reunimos para ordenar la información. Estaban Arthur, Varka, Borger y varios más. Quedó confirmado que Petro era importante para detener la expansión hacia el Norte y que sus conocimientos sobre la Orden Carmesí justificaban el riesgo de sacarlo de prisión.
Así que la decisión final fue bastante sencilla, dentro de lo que puede llamarse sencillo en nuestro grupo: avanzar con el rescate y la incursión en la mansión basándonos en lo que habíamos averiguado. No teníamos toda la información, el lugar ya era un desastre y había guardias involucrados, pero sí teníamos a Petro, una posible ruta por túneles, portales temporales, magia férica y una cantidad preocupante de nombres parecidos.
En resumen, queríamos investigar una mansión, terminamos siguiendo gente por un cerro, explorando cuevas, discutiendo sobre una orden sospechosa, cruzando planos, organizando plegarias, buscando tumbas y rescatando a un preso que sabía demasiado. Una operación perfectamente normal.
Más arañas
La cosa empezó con una advertencia bastante poco alentadora: se venía una tormenta y las cuevas se iban a inundar rápido. Así que decidimos avanzar siguiendo las indicaciones para llegar a Turística y, desde ahí, encontrar el río subterráneo que llevaba al castillo. Un plan sencillo, en teoría. Como casi todos los planes que hacemos.
No habíamos avanzado demasiado cuando vimos una sombra enorme en una esquina, metida en la oscuridad de las cuevas. Ahí apareció la primera decisión importante: atacar o investigar. Como de costumbre, nos tomamos el tiempo justo para discutirlo mientras la sombra seguía ahí, presumiblemente haciendo algo mucho más razonable que nosotros.
Intentamos iluminar la zona y usar la percepción para ver qué era. Alcanzamos a distinguir una figura moviéndose dentro del túnel cubierto. Antes de que la criatura pudiera hacer nada, alguien intentó aprovechar una acción de reacción y lanzó un ataque de fuego o resplandor contra la sombra. Adler, por su parte, reaccionó doblándose de inmediato en una esquina del pasillo. Después lo vimos a través de una columna de fuego. No fue la entrada más discreta del grupo, pero al menos dejó claro dónde estaba.
Ahí empezó el combate formal. Se armó el orden de iniciativa con Cobol, el clérigo, la araña gigante, el Heterocápito, Varka y Delerion. También estaba Stixx Ernesto, el kobold, que durante la pelea demostró ser particularmente bueno cazando arañas. No sé si era experiencia, talento natural o simplemente que las arañas tuvieron mala suerte de cruzarse con él, pero se desenvolvió mejor de lo esperable.
Las arañas eran gigantes, por supuesto. Porque si algo puede ser desagradable en tamaño normal, en una cueva siempre existe la posibilidad de hacerlo enorme. El grupo se puso a combatirlas mientras discutíamos también opciones mágicas: usar un Círculo de Teletransportación para escapar o Animar Objetos para seguir peleando. Como si en medio de un combate contra arañas gigantes la principal dificultad fuera elegir correctamente el tipo de desastre mágico.
Después de superar ese encuentro, seguimos explorando hasta encontrar una tumba antigua. Había restos rituales y tesoros valiosos, entre ellos joyas y brazaletes. Todo bastante prometedor, si uno ignora que las tumbas antiguas suelen venir con mecanismos diseñados específicamente para castigar la curiosidad.
Abrimos una tapa y activamos una trampa mecánica compleja. La situación requirió desactivación mágica coordinada. Varka —o alguien con magia, porque en ese momento la precisión de quién hacía qué ya empezaba a ser discutible— se ocupó de la parte mágica, mientras Cobol mantenía la atención. Una distribución de tareas curiosa, pero funcionó.
Una vez desactivada la trampa, encontramos el verdadero contenido del sepulcro: un sarcófago con un cuerpo antiguo, una armadura de bronce y fragmentos de una energía arcana bastante potente. Era el tipo de descubrimiento que normalmente genera más preguntas que respuestas, y también el tipo de cosa que conviene no tocar demasiado. Por suerte, al menos esta vez la investigación sirvió para algo.
Con las tiradas de investigación determinamos que la tumba había sido tocada recientemente. Eso nos dejó un rastro para seguir en una dirección concreta. No era una pista especialmente tranquilizadora, pero era una pista, y en una exploración subterránea eso ya cuenta como lujo.
Seguimos el rastro por una mezcla de pasadizos naturales y artificiales. En el camino aparecieron referencias a Aurelia y posibles conexiones con algo llamado magia loriana. No quedó del todo claro qué significaba, pero sonaba importante, que es una categoría bastante amplia para cualquier cosa que encontremos escrita en una pared subterránea.
Finalmente llegamos a una bifurcación. Un camino llevaba al Castillo del Marqués y el otro a la Mansión de Aldo Rico. La información sobre cuál era realmente la mansión resultaba bastante ambigua, lo que supongo que es una forma elegante de decir que nadie sabía muy bien adónde estábamos yendo.
Seguimos avanzando y el destino terminó pareciéndose más a una cárcel que a una mansión lujosa. A esas alturas ya no esperábamos alfombras ni una recepción amable, pero la diferencia entre “mansión” y “cárcel” seguía siendo bastante significativa.
Dentro encontramos criaturas —bichos, en términos técnicos— que respondían a las órdenes de un líder. El encuentro terminó en otro combate, esta vez con la inundación acercándose y la necesidad bastante concreta de asegurar la zona antes de que el agua terminara de cubrirlo todo. Delerion, Varka, Adler y Stixx Ernesto participaron en la pelea contra esas criaturas.
Y así terminamos: peleando en una estructura que supuestamente era una mansión, siguiendo rastros de una tumba recién tocada, con referencias a Aurelia y a la magia loriana, mientras una inundación avanzaba detrás nuestro. Una exploración normal, dentro de lo que puede considerarse normal cuando el camino al castillo pasa por arañas gigantes, trampas funerarias y una cárcel con nombre de residencia.